FUMAR . . el humo y el sueño

Recuerdo que tenía nueve o diez años, no era muy pequeño, estaba contento porque mis padres habían decidido acceder a mí ruego y nos encontrábamos en Las Planas, un pinar en la zona de Vallvidrera donde habían merenderos y barbacoas y la gente acudía los domingos a comer, jugar a pelota y pasar un día de campo.

Mi hermana cinco años mayor que yo se marcha a saltar a la cuerda, mi hermano con solo cinco años, junto con mi madre veía como conjugaban las niñas.
Yo me puse a buscar hormigas guerreras gigantes de cabeza viva, puesto que aunque les arrancaras la cabeza sus enormes pinzas seguían apretando la presa Ya tenía ocho o diez hormigas en la caja de cerillas, cuando mi padre nos pidió que le ayudáramos a recoger leña para hacer la comida.
No había mucha leña que recoger, por lo que incluso arrancamos algunas ramas verdes.
Mi padre murmuraba por lo bajo cada vez que se consumía una cerilla sin conseguir que prendiera el fuego. Yo estaba cerca de él y el humo que se producía me venía hacia la cara y me molestaba, me aparté hacia un lado poniéndome delante del viento y en ese momento el fuego prendió con más fuerza, proporcionando más llamas y mayor cantidad de humo que hizo que me apartara hacia el lugar inicial, sin conseguir con ello zafarme del humo que me dificultaba el respirar, me picaba la garganta, me escocían los ojos me lagrimeaban y no podía ver.

Por un momento pareció que decrecía su densidad y me aparté, notando algo raro en el ambiente, las voces, las risas el murmullo de la gente había dado paso a un silencio absoluto. Entre el humo y la oscuridad pude ver solo a mi hermano que lloraba, tosía y extendía los brazos hacía mí..

Quise llamar a mis padres pero no me salía la voz, estaba mareado me faltaba el aire, me encontraba en medio de una nube de humo que me hacía daño al respirar. Bruscamente intenté alejarme quería escapar y al apartarme, me golpee contra un pino o contra una piedra que me hizo caer al suelo, un suelo que encontré frío pero donde el humo parecía menos denso.
Estire el brazo buscando el equilibrio para levantarme apoyándome en el pino, o en la piedra,…. o. . en la cama. . . . me había caído de la cama. . . .estaba en mi casa. . . . era un sueño. . . . estaba soñando, era un sueño y sin embargo todavía notaba la molestia del humo.

Un gorgoreo extraño, me hizo pensar que mí hermano dormía en la cama junto a la mía.
Me puse en pie y encendí la luz y de nuevo me encontré en el suelo, pensé que me había pasado la corriente aunque no había sentido dolor. Todo estaba lleno de humo, estaba muy mareado, me escocia el pecho y tosía sin parar mientras sentía la extraña respiración de mi hermano.

Nuestra habitación daba al comedor y este también se encontraba inundado de humo. A gatas, arrastrándome acudí al píe de la ventana y la abrí de par en par, el frío me dio en la cara y me volví a caer, mientras aumentaban las náuseas y un fuerte dolor de cabeza.
Junto a la ventana, a través del cristal de la puerta de la cocina, ví un pequeño resplandor que me hizo pensar en un pequeño incendio. Abrí la puerta y respire una bola de humo denso, de nuevo la tos. . violentas arcadas que me hicieron vomitar mientras tosía, Me encontraba muy mal, no paraba de vomitar. . estaba en el suelo. . todo giraba, mientras. . . sentía gritar a mi madre. . la voz de mi padre. . . luz en el comedor . . . luz en la cocina. . . mi hermano lloraba. . . mi padre me zarandeaba. . . mi madre gritaba. . . mi hermano vomitaba.

Mis padres que dormían en una habitación al otro extremo del piso, se habían despertado, no por el humo sino como consecuencia del follón que yo había armado. Apenas se esparció el humo, pudimos ver la causa, el porqué de la cuestión. Mi madre había puesto las alpargatas de esparto, mías y las de mi padre, empapadas, mojadas por la lluvia sobre una plancha metálica encima de unas exiguas brasas del fogón, con la intención de que estuvieran secas para el día siguiente que ya era. Y todavía estaban allí sobre la plancha, quedaba su dibujo en cenizas, puesto que se habían consumido totalmente sin afectar a nada más, solo quemaron cuatro alpargatas de esparto.
Han pasado muchos años desde entonces y recuerdo esta anécdota cada vez que en un servicio se encuentro a una persona muerta quemada en su cama generalmente fumador que vive solo.

Lo lógico sería que cuando la brasa del cigarrillo alcanzara los labios o los dedos del fumador durmiente, el dolor que produce la quemadura, lo hiciera saltar despertándolo, y esto es lo que le ha habrá pasado a más de un fumador horizontal. Pero si el fumador durmiente tiene la desgracia que el cigarrillo se le desprenda y caiga sobre el colchón, las sábanas, la manta o la alfombra, empezará recalentando y formando humo, un humo diferente al que yo respire de niño, (esparto y lona)

El humo de hoy es mucho más tóxico, las fibras acrílicas, las espumas sintéticas, los materiales artificiales que tenemos en nuestro hogar, desprenden humos que hacen perder el conocimiento e incluso matan antes de que se lleguen a formar las llamas.
Por eso creo que los bomberos descubrimos cadáveres quemados parcialmente en su propia cama, acostados, soñando que el humo les molestaba, soñando que se asfixiaban, soñando que se morían pasaron a la muerte como la continuación de su sueño, de un mal sueño, de la última pesadilla.

Quién no ha vívido un paseo por un gris y frío paisaje abrazando sus escalofríos hasta que el estornudo le ha hecho levantarse a recoger la manta.

Quién después de mucho buscar, no ha ido el water de los sueños y «cuando por fin empezaba a salir » de un salto ha cortado el fluído del consciente sobre el inconsciente.

Cuando dormimos nuestros sentidos también duermen, se atontan aún más y en algunos casos se adaptan a las sensaciones perceptivas inconscientes como los ejemplos citados.

Fumar no es bueno y en la cama aún menos, ni siquiera después de contar treintaitres.
No crees que ha llegado el momento de sacar el cenicero de la mesita de noche.
Al principio te costará, te lo puedo asegurar, pero después, te sentirás mejor, sentirás que tienes voluntad, que puedes apartarse de lo que no te conviene, que no te dejas dominar y quién sabe hasta a lo mejor puedes contar hasta sesentaiseis, ya sabes que a la mujer no le gusta el olor a tabaco en las manos y en la ropa.

Demuéstrale a tu hijo con hechos lo que le dices con palabras y habrán dos fumadores menos en esta familia.

Esta narración se publicó en la revista alarma en los 80